jueves, 6 de enero de 2011

MOROS Y CRISTIANOS EN PATERNA (Paco Carrión)

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RELACIONES DE MOROS Y CRISTIANOS

PATERNA DEL RÍO - ALMERÍA

Comentarios y trascripción del texto:
 Milagros Soler


Seguramente el origen de las fiestas de moros y cristianos hay que buscarlo en la tradición popular de poner en escena al aire libre representaciones en las que se relataban y conmemoraban hazañas de héroes y dioses. Aunque existen datos que nos informan de que estas manifestaciones culturales colectivas se remontan  a la más ignota antigüedad, en el caso que nos ocupa podrían haber tomado, como referencia y modelo, los auto sacramentales celebrados durante la Edad Media.

Según nos informa Francisco Checa, en la Crónica del Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo se menciona la celebración de unos juegos de cañas  (1463) en las que se festejaba la victoria de los cristianos sobre sus enemigos sarracenos. El mal (Lucifer) estaba encarnado asociado a los infieles sarracenos; el bien ( Dios, Cristo y sobre todo la Virgen María) era atributo que se le asignaba a la religión católica.

Los participantes en estos actos iban caracterizados con trajes que permitían a los espectadores diferenciar entre los bandos moro y cristiano. Enríquez de Jorquera señala que en Granada  (1634) se conmemoraba el día de la toma de la ciudad en honor a los Reyes Católicos con juegos de este tipo (Anales de Granada, Tomo II).

Las fiestas de moros y cristianos que tienen lugar en Paterna del Río siguen las mismas pautas, en atuendos y contenido que podemos ver en toda la Alpujarra y en muchos pueblos de las sierras almerienses. Seguramente por el carácter montañoso y aislado de su geografía, han mantenido formas que ya han desaparecido en otros lugares. A diferencia de lo que sucede en el Levante español, aún  es frecuente ver a los actores usando sus trajes de soldados obtenidos durante el periodo de milicias, como era costumbre en el  siglo XVIII y XIX.  En el caso de los guerreros árabes, el turbante y la capa los distingue claramente de sus adversarios.

En Paterna del Río, las fiestas de moros y cristianos (conocidas con el nombre de Relaciones), tienen lugar el segundo domingo del mes de mayo en honor a su patrona, la Virgen de los Remedios. Para la realización de la fiesta, en la parte alta de la Plaza Mayor del pueblo se levanta un castillo árabe, a cuyos pies se construye un altar. En él se colocará la Virgen o el Santo Cristo para presidir los actos. 


Las Relaciones comienzan después de la misa, cuando la procesión llega a la Plaza Mayor. Los soldados moros rodean las calles adyacentes, viendo como se acerca la imagen portada por soldados cristianos. Al llegar, los moros salen disparando a discreción y apoderándose de ella, la colocan en el altar.




Los soldados cristianos están situados en la parte baja de la Plaza, sin guardar formación, desolados por haber perdido la imagen de la Virgen de los Remedios. El General Cristiano, poniéndose frente a sus tropas, les dirige varias arengas, que se inician con las siguientes palabras:



PRIMERA PARTE DE LAS RELACIONES


GENERAL CRISTIANO

¿Como mis bravos soldado
os miro con desaliento
sin vergüenza de que el mundo
se asombre de vuestro miedo?

¿No veis flotar la bandera
del alevoso aganero
sobre ese hermoso castillo
que hace poco era nuestro?

¿Dejaremos en sus manos
ese grandioso trofeo
que nos daba la esperanza
de poseer este pueblo?

Pensad que aquí nos mandó
el alto y pesado cetro
de Isabel y de Fernando
con el nombre de guerreros

Confió en nuestra bravura
y en la fe de caballeros
que jurasteis en Granada
delante del mundo entero.

No desmentidlo, soldados,
que el que falta al juramento
ni promete con valor
ni puede llamarse bueno.

La sangre no vale nada
delante de los cristianos
que merece el que abandona
santas empresas del cielo.

Santa es las nuestra, soldados
porque este hermoso terreno
es una parte de España
es la integridad del Reino.

Paterna será la patria
de vuestros hijos y nietos
y la patria tiene un grito
que siempre debe ser fiero.

Alzad la frente, soldados.
Mirad el hermoso suelo
que nos quiere arrebatar
el indolente aganero.

En la invencible Alpujarra
la tierra de los guerreros
de las altivas montañas
y de los valles amenos.

Es Paterna, cuya frente
ciñen las nubes del cielo
y mojan sus verdes faldas
e infinitos arroyuelos.

Aquí vive la salud
en esos claros veneros
que hace más rica la sangre
con su esencia de hierro.

Aquí arrullan las palomas
y cuando emprende su vuelo
dejan mecerse las flores
entre los brazos del viento.

Las rocas y los peñascos
con sus vaporosos ecos
dan el grito del torrente
que se despeña a lo lejos.

Todo es grande como Dios
que en un momento supremo
hizo esta bella Alpujarra
con tan esmerado empeño
que del anillo del mundo
son la llama de estos pueblos.

Ya veis si en santa la causa
que a vuestra fe recomiendo
pero es más grande, más santa
la causa de estos momentos.

Esos hijos de Mahoma
que a nada tienen respeto
nos han robado también
la Virgen de los Remedios.

Nuestro amparo, nuestra dicha,
nuestro más dulce consuelo,
el cariño de nuestros hijos,
la fe de nuestros abuelos.

La que tiene por corona
las estrellas de los cielos
y está vestida de Sol
con la luna por asiento.

La Predilecta del Padre
del Santo Espíritu eterno
la Solicitada Esposa,
la Madre Pura del Verbo.

La profanarán por fin, cristianos.
Se reirán  los sarracenos
de su virginal pureza

SOLDADOS CRISTIANOS
  
 Eso no. Vamos a ellos.

Del grupo de soldados sarracenos uno de ellos  (Emisario moro) se desplaza a la parte baja de la Plaza hasta encontrarse con el General Cristiano. Una vez frente a él, le dice:

EMBAJADOR MORO
No merecéis mi saludo
que los torpes y cobardes
abandonasteis el castillo
sin una gota de sangre.

GENERAL CRISTIANO

Moro, si de paz la enseña
de tu campamento traes
no te permito más tiempo
ese grosero lenguaje.

Si es embajada, te escucho.
Pero si de vencedor alarde
quieres hacer con insultos,
también sabré castigarte.

EMBAJADOR MORO
De embajada de paz vengo.
Templa, cristiano, el coraje
que lo que vengo a decir
os puede ser agradable.

GENERAL CRISTIANO

Habla cuanto quieras, moro.

EMBAJADOR MORO
Quizás te pese que hable.

GENERAL CRISTIANO

Quizás te irás pesaroso
de tu orgulloso mensaje.

EMBAJADOR MORO
Cristiano, jamás en paz
tu  linaje y mi linaje
se encontraron siete siglos.
Una reyerta salvaje
os habrá hecho comprender
de lo que somos capaces.

Desde el pobre Guadalete
hasta el mismo Roncesvalles
palmo a palmo lo ganamos
con ríos de vuestra sangre.

Se vendieron vuestros condes
como espías miserables
y se huyeron vuestros reyes
del fragor de los combates.

Y vuestras bellas mujeres
las vimos abandonarse
a los amores ardientes
del feroz abencerraje.

GENERAL CRISTIANO

Moro, por Dios, no prosigas
diciendo más disparates
o acaba pronto que ya tengo
sed de replicarte.

EMBAJADOR MORO
Pues deja un poco, cristiano
que aún no he dicho mi mensaje.

Aben-Abóo, nuestro rey,
el muy soberbio, el muy grande,
con sus valientes monfíes
vence ya por todas partes.

Si no os socorre Granada,
en los espesos breñales
de la gigante Alpujarra
moriréis a nuestros alfanjes.

Cadiar y Valor son nuestros.
Laroles, al baluarte
de esta parte de la Sierra
se ha rendido por el hambre.

De Paterna en el castillo
azota orgulloso el aíre
la brillante Media Luna
y los vistosos turbantes.

¿Qué os queda, por fin, cristiano?
Hasta vuestra Dulce Madre
la Virgen de los Remedios
es trofeo miserable.

Por eso vengo a vosotros
a proponeros galante
una rendición honrosa
que os evitará más sangre.

GENERAL CRISTIANO

¿Nosotros rendirnos, moro?
¿Desmentir tantos afanes
y tantas pruebas de valor
como dieron nuestros padres?

Covadonga se hundiría
en escombros miserables
y gritarían deshonor
las olas de nuestros mares.

Solamente la traición
os introdujo, cobardes,
en la España de Sagunto
y debes avergonzarte.

Después recuerda Lepanto,
donde vino a sepultarse
toda vuestra falsa gloria
para jamás levantarse.

Innumerables victorias,
hechos de armas inmortales
te deben acreditar
que no tememos a nadie.

Todos aquí nos creemos,
como otros tantos pulgares,
capaces de abordar solos
empresas que ni soñáis.

Las crestas de estas montañas
y las flores de estos valles
nunca la planta enemiga
las ha pisado de balde.

Esa bandera que azota
y tremola de miedo al aire
no es la enseña del valor,
es una traición cobarde.

Nosotros rendimos
a la Reina de los Ángeles
el culto que le debemos
ese castillo asaltáis.

Son esas vuestras hazañas
con tan débiles señales
de fuerza y de valor
la rendición provocáis.

Risa me da del orgullo
con que esa bandera traes.
No te tremoles, por Dios
que la vergüenza la abate

Vuélvete, moro, al castillo,
que en verdadero combate
sobra valor a estos bravos
para volver a tomarlo.

Dirigiéndose a sus tropas:

¿No es esto verdad, cristianos?
¡Que responda vuestra sangre!

SOLDADOS CRISTIANOS
  
 ¡Guerra!¡Guerra al enemigo!

GENERAL CRISTIANO

Dirigiéndose al emisario moro:

¡Guerra sin tregua! Ya sabes.

EMBAJADOR MORO
En el campo nos veremos.

GENERAL CRISTIANO

Yo me encargo de buscarte.

EMBAJADOR MORO
Alá te guarde cristiano.

GENERAL CRISTIANO

Dios te defienda y te guarde.

El Embajador Moro, subiendo a lo alto de la Plaza se dirige al General Moro diciendo:

EMBAJADOR MORO
Es altivo el español
y de furias exasperadas
dice que por la traición
nuestras armas han triunfado.

Guerra quiere a todo trance.
Nuestro exterminio ha jurado
con que aprestar nuestras fuerzas
y no rendirles el campo.

Que los hijos de Mahoma
en los desiertos criados
hagan patente a Paterna
su terrible desengaño
de recobrar el castillo
y su Virgen muy amada.






SEGUNDA PARTE DE LAS RELACIONES

Estando los moros en posesión del castillo, el General Cristiano manda allí a su Embajador con el siguiente mensaje:

GENERAL CRISTIANO

Ve al castillo, embajador
su rendición a intimidar
No tienes que desplegar
ni un alarde de valor.

Di a ese Muza que es valiente
su irremediable abandono.
Que se rinda y le perdono
la vida y la de su gente.

No le insultes, aunque en vano
se ría de tu presencia.
Hay una gran diferencia
entre un moro y un cristiano.

La Virgen guíe tu valor
e ilustre tu pensamiento.
No vuelvas al campamento
sin nobleza y sin honor.

Parte el Embajador Cristiano hacia el castillo de los moros y al llegar, dirigiéndose al General Moro, dice:

EMBAJADOR CRISTIANO

Dios te guarde, noble moro.
En este castillo en vano
guardáis el mejor tesoro
que adora el pueblo cristiano.

Inútiles serán los medios
que en su defensa presento.
Piden de aquel campamento
la Virgen de los Remedios.


GENERAL MORO

No creas, cristiano, en sueños.
De esa fortaleza armada
somos nosotros los dueños
y la tenemos cerrada.

Cerrada por mil valientes
que la sabrán defender.
Antes la verán arder
que en poder de vuestra gente.

EMBAJADOR CRISTIANO

Siento moro que tan dura
recibas esta embajada.
Si quieres la mano armada,
la tendrás. Yo te lo juro.

Pero cumplo mi deber
de revelarte primero
lo que tú debes saber.

Granada, la ciudad bella
por quien Boabdil suspira,
hasta con desprecio mira
al traidor Abén Humeya.

Sangre real por su corazón circula
y de ella blasona
pero busca una corona
en la negra rebelión.

Y en desesperada liza
elige la altiva Sierra
para provocar las guerras
con la gente advenediza.

Su plan infame vacila
y cuando este grito lanzo
coronan a Aben Abóo
en las vegas de Narila.

Así sus locos afanes
tuvieran por resultado
morir de un pino colgado
por sus mismos capitanes.

Y Abén Abóo, la esperanza
que vuestro valor abona,
has perdido la corona
sin realizar su venganza

GENERAL MORO

Cristiano ¿Será verdad
la muerte de Abén Humeya?

EMBAJADOR CRISTIANO

Oye lo que dicen de ella.
Oye por curiosidad.

Existe una cueva impura
donde dicen los pastores
que sus súbditos traidores
le dieron la sepultura.

Y se les eriza el bello
cuando el rayo de la luna
sobre su sombra importuna,
con el vil dogal al cuello.

Todo el que lo ve se aterra
porque su sombra es tan leve
que sin desflorar la nieve
cruza el alto de la Sierra.

Allí sus huestes escasas,
perdido todo el valor,
han ido a esconder su horror
bajo el techo de sus casas.

Esta es la verdad eterna
que te relato sin saña.
Piensa que, de toda España,
sólo te queda Paterna.

No esgrimas, moro atrevido,
tu sangrienta cimitarra,
ni temas que la Alpujarra
sirva a los moros de nido.

Vuelve al África ardiente
sin mengua de tu alma entera.
No faltará una palmera
que brinde sombra a tu frente.

Allí templarás tus penas
del desierto en sus ardores.
No pueden gustar las flores
al hijo de las arenas.

Y si tu pecho desgarra
tenaz y agudo el tormento,
vente a respirar el viento
de la risueña Alpujarra.




GENERAL MORO

¡Por Alá calla, insensato!
No aceleres mi agonía
que es chica mi fantasía
para abarcar tu relato.

No te perdono la calma
ni la manera fatal
con que has clavado el puñal
en el fondo de mi alma.

Mis reyes y mis amores,
mis sueños y mi alegría
se han marchitado en un día
para brotar mis dolores.

Siente mi alma un desmayo
que no puedes calcular.
Hasta me atreví a soñar
ser un segundo Pelayo

Desde Asturias a Granada
lanzó del valor la furia.
Yo conquistaría Asturias
desde mi Sierra Nevada.

Y en Granada la gentil
buscaba un florido espacio
para un soberbio palacio
entre el Darro y el Genil.

Y como absoluta dueña
de tanta bella ilusión
tenía en mi corazón
una linda alpujarreña.

Sueños de gloria, volad
de mi acalorada frente.
Corazón, lucha valiente
contra la fatalidad.

EMBAJADOR CRISTIANO

¿Qué prefieres, imprudente?
Cuando aviva la razón,
sólo la resignación
señala al hombre valiente.

Y según yo te contemplo,
si entregas la fortaleza
más que parecer bajeza,
fuera de valor ejemplo.

Paterna te debería
la sangre de sus hermanos.

GENERAL MORO

Tus empeños serán vanos.
Contra la decisión mía
quizás la batalla pierdas
y las circunstancias en la lucha.

Pero ten calma y escucha
de mi país un recuerdo.

En el África encendida
cuando al león acorralan,
ruge y lucha hasta que exhala
el aliento de la vida.

Yo soy africano,
hijo del ancho desierto
y prefiero quedar muerto
a rendirme a ti, cristiano.

En mi corazón de moro
siento que si me entregara
como vil me despreciara
la alpujarreña que adoro.

Que las altivas mujeres
antes de sentir amor
calculan por el valor
la extensión de sus placeres.

Alá que este trance quiso
desde la misma creación
ante mi vil redención
me cerraría el Paraíso.

No, cristiano. Que la llama
del valor que arde en mi pecho
tenga al menos el derecho
de un recuerdo de la fama.

¿Qué es una vida sin gloria
para un caudillo de honor,
ni qué pruebas de valor
cuando es fácil la victoria?

Anda al campamento tuyo
y prueba que eres valiente.
Quizás puedas con mi gente
domar tu feroz orgullo.


EMBAJADOR CRISTIANO

No es orgullo lo que el pecho
de un cristino ha de sentir
sangre aún, que tenga derecho

Que la caridad cristiana
de la religión señora,
dice que aún siendo la sangre mora
la tratemos como hermana.

Manda perdonar la ofensa,
pero al injusto agresor
quiere proponerle el valor
que da la propia defensa.

¿Y qué será más injusta
que tener la Virgen Pura
donde no estará segura
de la agarena malicia.

Juzgad que este pensamiento
que torturáis inhumanos
no enardece a los cristianos
del lejano campamento.

Los verás venir, terribles
alentando en esa idea.
Seguro que en la pelea
eso los hará invencibles.

Y si no hubiera una valla
de error en tu fantasía
verás venir a María
dirigiendo la batalla.

Ríndete, moro, esta tarde

GENERAL MORO
Es imposible a los dos.


EMBAJADOR CRISTIANO

Pues queda moro con Dios.

GENERAL MORO
Cristiano, que Alá te guarde.


Se marcha el Embajador Cristiano a la parte baja de la plaza, y le dicen al General Cristiano:

EMBAJADOR CRISTIANO

Inútil fue mi embajada
y al volver al campamento
me acompaña el sentimiento
de no haber servido de nada.

Ni la caridad ni el ruego,
ni la justicia ofendida,
ni el aprecio de la vida,
ni los horrores del fuego.

Su altiva cerviz no doma
ni el grito de la conciencia
de los hijos de Mahoma.

GENERAL CRISTIANO

Fatales y carniceras gentes
que a nada se abaten
y al provocar el combate
muestran instintos de fieras.

Y ¡Vive Dios! que se nota
en esa altivez violenta
algo de injuria y de afrenta
por las pasadas derrotas.

Soldados, sólo desprecio
merece un guerrero alarde
que si no llamo cobarde,
lo califico de necio.

Sin embargo, en mi sentir,
antes de jugarse la vida
debe mi voz conmovida
enseñaros a morir.

Debo aún, sin ser fecundo,
enriqueceros la memoria
con tantos días de gloria
como habéis prestado al mundo.

A esta orbe, que anchurosa
su haz no abarcaba tanto
como exigía un Lepanto
y las Navas de Tolosa.

Y al ver estrecho el recinto
de la altiva España
han ido a buscar hazaña
a otros mundos distintos.

Y mientras sienten las de aquel
mar el santo orgullo
de saludar con su arrullo
las banderas españolas.

No oscurece tanto el brillo,
ni mengua tanta fortuna
que aún flote la media luna
sobre ese debí castillo.

Ni a la Virgen grato le es
ni se aviene a su grandeza
de tener sobre su cabeza
lo que Dios puso a sus pies.

Brilló para España un día
en que purgar dio probada
su fe, llevando a Granada
en triunfo el Ave María.

Fue un arranque temerario
jurar solo a un pueblo infiel
que clavaría el cartel
en la puerta del Sagrario.

Y esa misma Virgen presa
y robada a nuestro culto
no es el más grosero insulto
a nuestra fe y entereza.

Vamos por ella, que el templo
su imagen santa reclama.
Si os falta del valor la llama,
tomad de mi amor ejemplo.


Comienza la batalla entre moros y cristianos. Finalmente aparece el General Moro con bandera de parlamento y dice:

GENERAL MORO
Cesar las escenas crueles
y escuchad, bravos cristianos
como se abren los arcanos
aún a las almas infieles.

No se rinde a nuestros bríos
ni siente al luchar desmayo
el que ha cruzado a caballo
tintos de sangre los ríos.

Es la fuerza encantadora
de cierta visión divina
la que seduce y fascina
mi mente batalladora.

He visto, lleno de anhelo,
entre la sangre y el humo,
una mujer que presumo
haber bajado del cielo.

La he visto pura y graciosa
en el pecho del cristiano
dejar, con su propia mano,
invisible alguna cosa.

Entonces era invencible
al que su diestra tocaba
y la alta visión volaba
a una región invisible.

Pedida a mi amor reacio
entre un millón de querubes
hubiera roto las nubes
que achicaban el espacio.

Más del insultado brillo
un ángel lleno de unción
dijo: La hermosa visión
la tenéis en el castillo.

Miré tantas maravillas
Torna mi alma cristiana
y aclamo por Soberana
a esta Virgen de rodillas.

Bendito sean los medios
que nos fueron ofrecidos.
Protege a tus convertidos
Virgen de los Remedios.

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LOS JUEGOS MORISCOS DE ABEN HUMEYA EN PURCHENA

UN EVENTO HISTÓRICO-DEPORTIVO ÚNICO:
LOS JUEGOS MORISCOS DE ABEN HUMEYA EN PURCHENA
(ALMERÍA)

...Los Juegos Moriscos suponen rehacer el eslabón perdido de la cadena entre la antigüedad y el mundo moderno.
No son muchos los que tienen noticia de este evento histórico-deportivo denominado Juegos Moriscos de Aben Humeya; ya sea de los Juegos históricos del siglo XVI o de la recuperación llevada a cabo en Purchena desde el año 1.993.
Lo que sí es cierto, así nos los dice la experiencia, es que los/las que se acercan por primera vez a este acontecimiento tienen, la mayor parte de las ocasiones, una doble sensación errónea: una primera en la que para ellos/as los Juegos Moriscos son sinónimo de Fiestas de Moros y Cristianos, y/o una segunda que les lleva a confundir estos juegos deportivos históricos con los juegos infantiles o tradicionales que se celebran en las verbenas de los pueblos, por el simple hecho de celebrarse en la pequeña localidad de Purchena.
Los que, afortunadamente, ya tienen noticia de este evento, saben a ciencia cierta que ambas sensaciones están totalmente alejadas de la realidad.
Los Juegos Moriscos de Aben Humeya, que anualmente desde 1993 son recuperados por el pueblo de Purchena en la tercera semana de agosto, están basados en un texto del escritor murciano Ginés Pérez de Hita, uno de los tres cronistas de la Guerra de los Moriscos, quien describe en la segunda parte de sus Guerras Civiles de Granada, concretamente en el capítulo XIV el más extenso de los veinticinco que lo componen, unas fiestas y juegos celebrados en Purchena en septiembre de 1569, en plena rebelión de los moriscos, con la participación de turcos y moriscos que realizan diversas pruebas de fuerza y destreza.
No se ha escrito demasiado sobre el aspecto histórico de estos Juegos y los que lo han hecho no se ponen de acuerdo: ¿fueron una realidad o una invención del autor murciano?
Por ello la primera parte de este artículo, tras la introducción histórica necesaria para contextualizar el hecho deportivo, versará sobre esta cuestión para, una vez demostrada la realidad -como así creen la mayoría de los investigadores; las pruebas a su favor son contundentes en contra de la escasa y subjetiva argumentación de su inexistencia- continuar sobre el detalle de lo que pudo ver o conocer Pérez de Hita y cómo lo vio o conoció para luego escribirlo en el citado capítulo XIV de su obra.

EL CONTEXTO HISTÓRICO DE LOS JUEGOS MORISCOS.
Todos sabemos que a medida que la reconquista avanza por parte de los reinos cristianos, en las nuevas zonas se mantienen una población musulmana que sigue practicando su religión y conservando sus costumbres y su lengua, son los llamados mudéjares. Era ésta una práctica que la población musulmana de la
época aceptaba de buen grado y los cristianos toleraban a cambio de un tributo especial. Pero una vez conquistada Granada, la situación va a cambiar. Por un lado nos encontramos a los cristianos dispuestos a mantener la situación, como el conde de Tendilla, capitán General de Granada, y fray Hernando de Talavera, su arzobispo, y por otro los que pretendían convertir a los “moros” de una forma obligatoria, entre ellos el Cardenal Cisneros. Como es sabido también en las Capitulaciones para la entrega de Granada de 25 de noviembre de 1491, se garantizaba para los musulmanes de este reino la posibilidad de mantenerse como mudéjares. Sin embargo, Cisneros, propugna desde 1499 el abandono de la política de tolerancia precedente y desencadena una rápida y enérgica acción para obtener conversiones. Los mudéjares ante la abolición de sus derechos se sublevan por primera vez en 1501 en el Albaicín granadino; sublevación que fue sofocada por las armas. Cisneros aprovecha el levantamiento para promulgar una pragmática que aboliese todos los derechos de los mudéjares, ordenando al mismo tiempo la conversión de los mismos, ya no solo en Granada sino en todo el reino de Castilla. En 1502, en una nueva pragmática se da a elegir a los mudéjares entre la conversión, el exilio o la muerte. Muchos, una gran mayoría, decidieron exiliarse y otros convertirse al cristianismo, pasando desde entonces a denominarse cristianos nuevos o moriscos.
Los años pasaron, entre agravios y conversiones, éstas normalmente simuladas por los musulmanes que seguían en su mayor parte conservando de “puertas adentro” sus tradiciones, religión, lengua y costumbres. Precisamente esos continuos agravios hicieron estallar la segunda rebelión morisca en las Alpujarras la noche de navidad de 1568. Los moriscos nombraron rey a Fernando de Córdoba y Válor, que pasaría a llamarse por su nombre árabe, Aben Humeya, de quien, Hurtado de Mendoza, uno de los tres cronistas de la Guerra
de las Alpujarras como también es conocida la rebelión morisca de 1568, dice que era descendiente del linaje de Aben Humeya, uno de los nietos de Mahoma, hijo de su hija, que en tiempos antiguos tuvieron el reino de Córdoba y Andalucía.
La historia la hacen los vencedores, por ello, la historiografía oficial no ha tratado excesivamente bien a los moriscos en general y a Aben Humeya, en particular. Sin embargo, como escribe Álvaro Galmés de Fuentes de la Real Academia de la Historia: uno de los datos más interesantes es el que se refiere al nivel cultural de los moriscos, que constituye una comunidad muy alfabetizada (72,3 % de media que saben firmar), comprobando con asombro que los moriscos, descendientes de los viejos mudéjares, habían logrado un grado de alfabetización incluso superior al de población cristiano-vieja”. En cuanto a Aben Humeya, al frente de un “ejército” sin organización alguna, puso en jaque, incluso las mejores tropas tuvieron que ser traídas al reino de Granada, al ejército más poderoso de la tierra en aquel momento. Además, y visto con nuestra sensibilidad actual, le quedará haber convocado, en medio de la contienda civil, y según crónica del escritor Ginés Pérez de Hita, unos juego deportivos que casi 500 años después han sido reconocidos por numerosas personalidades. Hablamos, por supuesto de los Juegos Moriscos de Aben Humeya.

LOS JUEGOS MORISCOS DE ABEN HUMEYA: FICCIÓN O REALIDAD
Tras el frustrado cerco de la ciudad almeriense de Vera (23/25 de septiembre de 1569), se retira Aben Humeya con sus tropas a la ciudad de Purchena que por entonces era ciudad de importancia estratégica con un castillo inexpugnable. El Martes 27 de septiembre de 1.569, Aben Humeya decide que se realicen en la ancha y grande plaza -<<para alegrar a sus gentes y todo su campo>>- doce juegos entre los que destacan, a tenor de los premios prometidos, las competiciones de lucha, carrera, saltos, levantamiento de peso... Ginés Pérez de Hita escribe en el citado libro: Pues es de saber que Aben Huneya, después del cerco de Vera, tan vano a su pretensión, se retiró a Purchena con todo su campo, determinado a aguardar allí a Murcia y su reino, si acaso si fuera le querían seguir, y visto que Lorca y Murcia no le seguían, determinó hacer unas solemnes fiestas de esta forma:
1. Al que en travada lucha mejor lo hiziese, le daría cien escudos de oro y le coronaría de hojas de laurel.
2. Más aquel que se mostrase más suelto y corriese más ligero y llegase primero al puesto disputado, otros cien escudos de oro.
3. Más al que de tres saltos alcançase más tierra por medio le daría otros cien escudos de oro.
4. Más al que más tiempo sustentase un canto de seis arrobas en el ombro le daría otros cien escudos de oro y un alfanxe.
5. Más al que mejor y más gallardo dançase la zambra con una bella mora, le daría ropa de seda fina hecha en Argel.
6. Más a la mora que mejor dançase, le daría una riquísima marlota y cuatro almayzales finos.
7. Más al moro que mejor tañese y cantase a la morisca y mejor canción dixese o romance, le daría un hermoso caballo aderezado y enjaezado.
8. Más a la mora que cantase mejor y canción arábiga dixese le daría una hermosa marlota guarnecida de oro.
9. Más al moro que mejor tirador fuese de canto, treinta escudos de oro y un alfanxe.
10. Más al moro que mejor tirase con escopeta o arco le daría diez ducados de oro.
11. Más al moro que tirase más derecho y más certero con honda le daría diez ducados de oro.
Todas estas fiestas y cosas se avían de hacer en la Plaça de Purchena, que para poderlos hacer era muy grande y ancha y para eso mandó que la plaça fuese aderezada y arenada, y todas las paredes y ventanas entoldadas de ricas telas de seda y lien-ços labrados y blancos..., todo lo cual se debía hacer en doce días.
Mandó Aben Humeya que a un lado de la plaça se pusiese un rico doçel de seda y debaxo del doçel un rico asiento para que él se sentase, y otros asientos de no tanto valor para sus Capitanes y Cavalleros más allegados.
En la convocatoria reproducida anteriormente se describen 11 pruebas, faltando una de gran singularidad que en el desarrollo posterior de las mismas será descrita por Pérez de Hita con gran profusión: el levantamiento de ladrillo.
Cabe decir aquí que el único de los cronistas que recoge los Juegos Moriscos es Pérez de Hita. Las dudas asaltan: ¿se hicieron los Juegos Moriscos o fue todo invención del escritor? Las opiniones están divididas. Los contrarios a la existencia de estos Juegos se basan en dos cuestiones:
1ª.- La fantasía y la falta de rigor histórico que siempre acompañó, según ellos, a Pérez de Hita.
2ª.-Pérez de Hita es el único que se ocupa de estos Juegos.
Estudios e investigadores han venido a demostrar con argumentaciones más serias, la verosimilitud de las pruebas.
Los escépticos basan su opinión en los anteriores puntos. Podemos decir que noticias a lo largo de la historia contadas por un único historiador son consideradas hoy inmutables y verosímiles. Recordemos aquí al gran historiador
Herodoto de quien críticos posteriores fueron a menudo severos por su aparente aceptación de relatos desprovistos de base y a veces inconsistentes. Como si de un “moderno” Herodoto se tratara y salvando las distancias, Ginés Pérez de Hita, afortunadamente, escribió sobre los Juegos Moriscos, tal y como decía el historiador Griego con la esperanza de <<preservar de la destrucción el recuerdo de cuanto han hecho los hombres y de evitar que las hazañas maravillosas de griegos y bárbaros (en el caso de Pérez de Hita los moriscos) pierdan el galardón de la gloria que merecen>>.
Otro ejemplo más de la escasa atención y estudio poco riguroso que estos Juegos han merecido y siguen mereciendo fuera de determinados círculos, lo tenemos en el estudio preliminar que Joaquín Gil San Juan hace de la edición de la segunda parte de las Guerras Civiles de Granada, editada por la Universidad de esta ciudad en 1998, basada en la edición de Paula Blanchard-Demouge de 1915, quien utilizó la edición príncipe impresa en Cuenca en 1619. El historiador citado despacha los Juegos Moriscos con el siguiente texto:
“En el capítulo XIV nos sorprende el autor de la Segunda parte de las Guerras Civiles con el increíble e imaginario relato de la celebración de competiciones atléticas y certámenes festivos en Purchena. No podía faltar este elemento tan del gusto de Pérez de Hita, entusiasta autor de representaciones teatrales, diversiones, galas y torneos, expresiones todas ellas de la vida lúdica popular... En ninguna otra fuente se encuentran rastros de tan singular espectáculo”.
Y eso es todo. Gil San Juan, al igual que otros muchos autores no da ningún tipo de explicación o de base por la cual piensan que el evento no es cierto. Está claro que su negación de la existencia, al igual que otros historiadores, se basa en los puntos anteriormente citados: falta de rigor en ocasiones por parte de Pérez de Hita y que los Juegos no aparecen en ninguna otra fuente.
Los estudios que echan por tierra esta falta de rigor se basan en algo más tangible.
En primer lugar, esos mismos historiadores sí aceptan otras descripciones de Pérez de Hita, que solo él dice haber visto y que no se recogen en otras fuentes, ni se duda de su rigor. Es el caso, por ejemplo de la descripción física de Aben Humeya. Pérez de Hita es el único que dice haber visto al rey morisco y nos lo describe con profusión de detalles. Este aspecto no es desmentido por ningún historiador y todos lo dan por verosímil. Gracias a ese espíritu observador del escritor murciano, hoy conocemos como pudo haber sido físicamente el rey morisco. Sin embargo, esa misma cualidad de observación, precisamente porque era gran aficionado a los juegos populares, se le niega cuando describe los Juegos Moriscos.
En segundo lugar, también aceptamos que gracias a las traducciones de los árabes conocemos gran cantidad de textos griegos y romanos. Pongamos por ejemplo las traducciones de Aristóteles y Platón, que hoy desconoceríamos totalmente si no hubieran mediado los trabajos de traducción realizados por eruditos árabes, en este caso, el cordobés Ibn Rush (Averroes). Los árabes no dudaron en impregnarse de la cultura de los pueblos que habían conquistado, entre ellos los mediterráneos.
Apoya este punto nada menos que Julio Caro Baroja quien expone que los moriscos restauraron la autoridad de los jefes de los antiguos linajes, honrándoles y dándoles signos y atributos de otro tiempo,...; pusieron alfaquíes de consejeros y También hicieron certámenes públicos, deportivos y juegos a la vieja usanza, como en tiempos de los Abencerrajes, Zegríes y demás caballeros famosos.
Pueden tomarse como ejemplo de fiestas moriscas las que Abenhumeya celebró en Purchena, descritas minuciosamente por Pérez de Hita, fiestas en las que hubo luchas cuerpo a cuerpo, carreras, concursos de saltos (tres saltos), de levantamiento y resistencia de pesos, danzas por parejas de hombre y mujer y de mujer sola, de tañer, cantar y recitar en romance y árabe, de lanzamientos de cantos, de escopeta, arco y honda. En tales certámenes se notó rivalidad hostil entre los moros españoles y los turcos . Además Caro Baroja en ningún momento se planteó el problema de dónde y cómo venían luchas, carreras y saltos, disciplinas olímpicas, sí supo matizar: Ayer como hoy el deporte era algo más que unía o desunía de modo más fuerte aún a los individuos agrupados en diferentes unidades sociales...
En tercer y último lugar es interesante hacer notar que se conocen diferentes ediciones de la obra de Pérez de Hita, aunque por parte de los historiadores se tiene la ya citada de Paula Blanchard-Demouge, como una de las mejores. (Esta edición es la que utilizó el área de cultura del Ayuntamiento de Purchena para la recuperación moderna de los Juegos). En la introducción de dicha edición se recoge en varios pasajes fundamentos suficientes para creer en la verosimilitud de estos Juegos que, sin embargo, en los continuos estudios sobre la obra de Pérez de Hita, han sido obviados:
La segunda parte carece del interés novelesco....Sin embargo, hay al comienzo dos episodios que parecen novelescos, pero que examinados con atención resultan ser históricos...El otro elemento que integra la parte novelesca en la obra de Hita no tiene semejanza con el de la primera. En ella, bajo el disfraz morisco, se puede conocer a los españoles; las fiestas referidas son una pintura de la sociedad de la época; si quisiera negarse a Ginés Pérez originalidad o achacarle la creación del tipo morisco, en la segunda parte sería preciso buscar las pruebas, pues es donde se hallan retratados los usos y costumbres orientales... En la segunda parte de las Guerras trata de asuntos relatados por un testigo morisco de los vencidos, que aún odiaba al enemigo, y que conservaban a pesar de la derrota sus antiguas costumbres, tanto más firmes, cuanto que los españoles ponían cuidado en hacerlas desaparecer. A tales moriscos, Pérez de Hita conocía y trataba, habiendo asistido a fiestas y juegos que describe. A dichos árabes españoles, muy diferentes de la época de los Reyes Católicos, se habían unido un elemento nuevo, los turcos, que trajeron de nuevo los antiguos juegos, las tradiciones perdidas; durante los intervalos de lucha, los turcos venidos para socorrer a los moriscos, algunas veces usaron en sus juegos favoritos hasta delante de los cristianos. Razones por las que en esta segunda parte no hallamos ningún torneo o juego de cañas, ninguna de aquellas vistosas diversiones que hicieron famosa a la primera, sino pugilatos atléticos entre los más valientes, robustos o diestros del ejército morisco y turco. En estas luchas cada uno de los adversarios tenía el cuerpo desnudo...Después seguían carreras pedestres, saltos, lanzamiento de javelinas, de piedras con honda; concursos extraños en los que el victorioso, para ganar el premio había de levantar un número determinado de discos muy pesados, con los brazos tendidos...; también era vencedor el que soportaba sobre sus espaldas, durante el más largo tiempo posible, un trozo macizo de mármol. Tales diversiones no eran familiares a los españoles; en ninguna crónica, en ningún romance, en ninguna de las numerosas relaciones de fiestas que poseemos, se encuentran señaladas. Ni aún puede suponerse que Ginés oyese tales descripciones de labios de los viejos; examinando su relación, podemos notar que él mismo presenció tales juegos, de los cuales siente toda su brutalidad... y se advierte que para Hita es un espectáculo exótico y nuevo, algo bárbaro. Describe carreras y luchas con frases llenas de vida; se ve que es un testigo quien habla, un testigo en que el horror hacia semejantes juegos es más fuerte que la admiración... Si en la obra de Hita quiere buscarse orientalismo, no es en la primera parte, sino en la segunda, donde podemos encontrarle, siendo de un interés verdaderamente histórico, aún
cuando fuese menos apreciada y conocida que la primera.
El texto anterior es de 1.915 y en el mismo, unido a los anteriores datos, se encuentra la verosimilitud de los Juegos: Pérez de Hita no conocía absolutamente nada de este tipo de pruebas, bárbaras para él, porque nadie se las había podido contar, ni de ningún sitio las había podido leer; además Pérez de Hita las relata, no debido a su belleza, sino al exotismo que desprendían y lo cuenta como si de un acto de barbarie se tratase. La prueba que más llamó su atención y que más extensamente describe fue la de la lucha entre el turco Caracacha y el morisco Maleh. Pérez de Hita describe la “brutalidad”de la lucha, un juego salvaje, de bárbaro encarnizamiento y, como dice Juan Guirao, Director del Archivo Municipal de Lorca “...no conocido en la narrativa española hasta entonces. Lo que presenciamos no son sino fases muy cercanas a la primitiva
lucha turca <<yagli>>.
Curiosamente más de cuatrocientos años después, ese exotismo y barbarie son considerados hoy en día como deportes, algunos de ellos con ascendencia olímpica como reconoció el propio Juan Antonio Samaranch en el texto que introduce este artículo. Los historiadores posteriores, incluso cuando hacen un
estudio sobre la edición de Paula Blanchard, obvian el texto.
Para concluir esta primera parte en la que se intenta mostrar la historicidad de las pruebas deportivas relatadas por Pérez de Hita, no puedo dejar de traer a colación otro de los errores en los que varios estudiosos del tema han caído repetidamente: no se conocen fuentes que recojan éstas u otras pruebas de este tipo en nuestra historia. Para mostrar otro nuevo resbalón de nuestros historiadores, viene al rescate el ya citado Juan Guirao García, quien expone que en una curiosa carta del Guardián del franciscano convento de San Ginés fray Alonso Alcorissa dirigida al Corregidor de Lorca en 26 de julio de 1667 se dice lo siguiente: "Concurren también muchos Moros, hombres, mugeres y niños (al Santuario) que ay año que llegan a 400 moros, obligados de un herror, como otros de su secta, que San Ginés es pariente de Mahoma... aquí se vandaliçan, con unos juegos y luchas que hacen, de donde an salido algunas veces muertos; el tiempo que aquí están que son tres días, no cesan de dar gritos, de día y de noche...".
La carta es posterior a la fecha de los Juegos Moriscos casi cien años. La obra de Pérez de Hita, la segunda parte, fue publicada en 1616. Cincuenta y un años después los “moros” seguían practicando la lucha que describiera Pérez de Hita. Aún habrá quien diga que esta lucha la copiaron de la descripción de Pérez de Hita. En este caso, ya tenemos un hecho histórico sobre la celebración de una prueba deportiva de origen olímpico celebrada en nuestro territorio.

martes, 28 de diciembre de 2010

jueves, 9 de diciembre de 2010

Ricardo, siempre al pie del cañón

Hola a todos, beduinos y beduinas.
Aqui os dejo el make in of del desfile de Alicante, del Lunes pasado.
Vemos como se expresa nuestro querido amigo Ricardo y como los demás prestan atención.
Desde aqui quiero darle las gracias por estar simpre con nosotros, aunque no participe como quisiera.
Muchas gracias Ricardo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010