jueves, 27 de enero de 2011

Mig Any 2011.

















A pesar de la crisis y del frio, mágnifico Mig Any.
Ganamos el 3er premio del Concurso de la Olleta
en el Barrio de San Blas, y nos acompañó por primera
vez la banda de Llanera de Ranes, con una espectacular
actuación músical.
Balta.

jueves, 6 de enero de 2011

LA LEYENDA DE PANDORGA

RTPIA Exp.00033/2009.Reg.200999900053596®
 


LA PANDORGA DE "EL ZORZO" O LA HISTORIA DE "LA ENCANTÁ"
Una leyenda de Cuevas del  Almanzora (Almería)
por Milagros Soler Cervantes

Tras la conquista de Granada, las promesas de respetar vida y hacienda de los vencidos hechas por los  Re yes Católicos fueron rápidamente olvidadas. Los saqueos y asesinatos de andaluces moriscos  fueron  en aumento, llegando a tales extremos que este colectivo fue totalmente erradicado, bien por medio de reales decretos de expulsión o por sistemáticas matanzas informadas y  consentidas por las autoridades al servicio de la Corona.

Puede servirnos de ejemplo uno de los episodios más sangrientos de este periodo en la provincia de Almería. Sucedió en una villa medieval llamada Inox, de la que hoy solo quedan algunos restos arqueológicos. Situada en las primeras estribaciones de Sierra Alhamilla y a pocos kilómetros de Níjar, un morisco de la región llamado Francisco López organizó la fortificación de un Peñón, que adquirió un aspecto de inexpugnable. Se r odeó de altas murallas para que sirviera de refugio a todos aquellos que tuvieran que ponerse a salvo de la codicia cristiana.
 Hasta allí llegaron familias enteras, procedentes de los puntos mas distantes de la comarca, llevando con ellos todas sus pertenencias. Acudían con el propósito de viajar hasta el puerto de Carboneras, desde donde embarcarían hacia el obligado exilio, en naves contratadas que vendrían desde Oran.

Sin embargo, los altos mandos del ejército castellano, conocedores de estos planes, no estaban dispuestos a dejar escapar tan apetecibles tesoros. Decidieron organizar una cabalgada hasta Inox y apoderarse por la fuerza de aquellas riquezas, antes de que llegaran los barcos que habrían de ponerlas para siempre fuera de su alcance.
Sus legítimos dueños fueron ases inados sin piedad. Las mujeres y los hombres jóvenes fueron hechos prisioneros para ser vendidos como esclavos. Más de 3000 fueron los cautivos de tan vergonzosa hazaña. Trasladados a diferentes mercados del Mediterráneo, algunos se quedaron en puertos españoles como Valencia o Alicante, donde pudieron ser liberados gracias al empeño que pusieron en ello los parientes de la capital almeriense. Fueron informados cínicamente por los propios secuestradores de tal situación, con el fin de obtener de ellos las fuertes sumas de dinero que exigían para el rescate.

Todo esto sucedió el 29 de Enero de 1569 y los hechos jamás fueron olvidados por las gentes de aquellos lugares. En la actualidad, todavía existe un sitio conocido como “La Matanza”, que recuerda donde tuvo lugar aquella masacre de inocentes.

Enterados de este suceso y de otros parecidos que después acontecieron, los pobladores del Valle del Almanzora organizaron partidas de campesinos armados, dispuestos a impedir el paso hacia las tierras del norte de aquellos sicarios que formaban parte del ejército de los Reyes Católicos.
Cristianos y musulmanes  nacidos en aquellos parajes se unieron en esa lucha, con el propósito de salvaguardar  a sus familias del terror y la rapiña de los extranjeros. Su objetivo principal era disuadir a todos los que intentaran asaltar o saquear sus tierras, que tales felonías no habrían de quedar impunes, como impunes habían quedado las cometidas en los Campos de Nijar. Ellos, si no había otros, se encargarían de hacer justicia desde sus propios fueros.

Estas acciones defensivas contra los asaltantes castellanos que llegaban desde el sur, obligaron a dejar desasistida a la población que había quedado en la retaguardia. Pronto se dieron cuenta de esa indefensión las tropas que ocupaban Huércal Overa y Lorca, no tardando en organizar bandas de asalto para expoliar la región del Alto y Bajo Almanzora.   Todavía no se sabe muy bien de dónde procedían los que llevaron a cabo la tragedia a las montañas de El Zorzo.

 LA LEYENDA

Entre los pueblos de Vera y Cuevas del Almanzora existe un paraje montañoso conocido como “El Zorzo”. En sus inmediaciones existía una cortijada cuyo nombre ya nadie recuerda, aunque sus d erruidos muros de piedra todavía son testigos del drama que allí tuvo lugar  y que daría origen a la leyenda de la Pandorga de El Zorzo.

Cuentan que un grupo de jinetes se disponía a recoger el pequeño campamento que habían improvisado para pasar la noche. No querían seguir avanzando, seguros de que en Vera encontrarían mejores objetivos en los que centrar su atención. Quiso la fatalidad que en el horizonte, una columna de humo destacara sobre el paisaje, llamando la atención de algunos de ellos.
No mediaron palabras. Ante la vista de aquella señal, todos parecían saber lo que tenían que hacer. Con presteza, empezaron a despertar al resto de sus compañeros, que aún remoloneaban la resaca que había dejado en sus cabezas el vino de la noche anterior. No podían perder tiempo si querían tener finalizado el "negocio" antes del atardecer. Así llamaban, en tono irónico, al asunto que habría de ocuparles buena parte de esa jornada, rememorando el nombre que _____ le diera al asalto de la fortaleza de Inox.
Nueve hombres, entre veinte y cuarenta años empezaron a preparar sus monturas. El que parecía al mando de la partida, exclamó con voz jocosa y autoritaria:
-  Compañeros, creo que debemos hacer una visita de cortesía a esos amigos.
Las risas histriónicas resonaron en el valle como carcajadas siniestras, anunciadoras de la tragedia.

En el interior del cortijo, un grupo de mujeres preparaban afanosas bandejas de dulces y licores. En la estancia principal, se habían retirado los muebles para dejar el centro de la habitación libre de obstáculos que impidieran el baile. Los  hombres repartían entre ellos instrumentos musicales rudimentarios. Panderetas, castañuelas, tamboriles y pandorgas. Cántaros, cascabeleros, almireces, dulzainas… Cada vecino había traído consigo todo aquello que pudiera servir para acompañar el cante de coplas y villancicos. Los niños correteaban alocados de aquí para allá, haciendo volar en sus carreras cintas de colores. Los muchachos amontonaban leña en el patio para formar una hoguera, alrededor de la cual danzarían con las jóvenes que les miraban con mal disimulada coquetería.

Todos habían participado en una comida colectiva típica de esas tierras a base de migas, caldo de pimentón, fritadas de pimientos con tomate y  suculentos asados de carne. Se disponían a empezar la fiesta, cuando los que preparaban en el exterior la fogata que habría de servir para festejar la fiesta de la Candelaria, dieron aviso de la partida de soldados se aproximaban a caballo.
El recuerdo de las matanzas que años antes habían tenido lugar en el Peñón de Inox estuvo presente en la mente de todos. Sin embargo, pronto esos pensamientos funestos fueron descartados. Apenas eran ocho o nueve los hombres que se acercaban. Siguieron, pues confiados, pensando en aceptar en sus celebración a los visitantes, si acaso decidieran parar por allí.

No tardaron en llegar. Dijeron haberse sentido atraídos al escuchar la música y las canciones. Explicaron que, alejados de sus hogares  y sus familias les había animado la idea de compartir esos sentimientos de añoranza con aquel los que se manifestaban tan felices. Fueron invitados a pasar, a comer y a beber con ellos.
Los recién llegados nunca se desprendieron ni se alejaron de sus armas, lo que suscitó sospechas entre algunos de los allí presentes. Sin embargo, cuando los forasteros temieron ser descubiertos en sus intenciones, antes de que los anfitriones pudieran hacer nada para defenderse, empezaron con sus espadas a cobrarse víctimas, sembrando de horror y sangre la estancia.
En poco minutos, el fuego que habían provocado en el granero se extendió por todas partes. Algunas mujeres que consiguieron escapar con sus hijos, corrían despavoridas seguidas a caballo por los forajidos, que las pasaron a cuchillo sin piedad. En el interior de la casa se oían gritos de aquellos que, encerrados en ella, trataban de librarse de las llamas de aquel infierno que ya habían prendido en sus cuerpos.

Contemplando inmóvil todo ese espanto, en una esquina de la habitación que había sido preparada para la fiesta, situada junto a la chimenea, una muchacha miraba absorta, paralizada por el dolor y la sorpresa, su vestido blanco manchado por la sangre. A sus pies yacían los familiares que apenas unos minutos antes la acompañaban en sus cantos.  Sostenía entre sus manos una pandorga y parecía formar parte de un tétrico grupo escultórico, rodeada de cadáveres.
Cuando comprendió que su que fin estaba próximo, haciendo sonar con mecánica cadencia el instrumento que sostenía entre sus manos, entonó una lenta canción, cuyos versos quedaron para siempre impregnados en el viento y cuya melodía parecía s alir de las mismísimas entrañas  de la tierra:

 Escuchad a quien os habla
ya desde la muerte.
Malditos seáis vosotros
y vuestros descendientes.
No habréis  de tener jamás días de gozo,
mientras las gentes recuerden
la matanza de El Zorzo.

Fueron sus últimas palabras. Pasado algún tiempo, contaron  sus asesinos que una especie de llama azul la envolvió durante algunos segundos. Luego, desapareció sin dejar rastro. Jamás volvieron a ver su cuerpo, ni encontraron jamás su cadáver.
Muchos creyeron q ue aquel prodigio había sido obra de la Virgen de la Candelaria, pero nadie habló de un milagro, pues aquella hermosa mujer era de origen musulmán.

Durante muchos días y muchas noches dijeron los vecinos de Vera y de Cuevas que oyeron gritos desgarradores y ecos de tristes melodías acompañadas por el sonido grave de una zambomba. Para estar seguros de que sus oídos no les estaban jugando una mala pasada, solían preguntarse unos a otros si habían escuchado el lamento de "la encantá". Luego, fueron muchos los testigos que dijeron haber visto por aquellos parajes la figura de una joven señora, caminando lentamente, repitiendo a todo aquel que se cruzaba  con ella, la maldición de los versos que dijera el día de su muerte.
No hubo nadie que comentara haberla visto, sin sufrir poco después los efectos del maleficio. Según explicaban, era la venganza de aquella morisca, hacia todos los cristianos que habían permitido aquellos crímenes.

A partir del trágico día de las matanzas de El Zorzo, todos los años por la fiesta de la Candelaria se escuchaban en los alrededores de las ruinas del cortijo los lamentos de los inocentes que fueron masacrados. El eco de las montañas llevaba  hasta los pueblos vecinos el sonido de la Pandorga y los llantos de los niños sacrificados.
Durante muchas generaciones fueron miles de personas las que tuvieron ocasión de ser testigos directos de tan extraordinario fenómeno. Los más escépticos llegaron a organizar expediciones para rastrear la zona, sin llegar a descubrir el lugar del que salían las voces.

Los más ancianos cuentan que la última vez que oyeron el lamento de la Pandorga fue durante las vísperas de la Guerra Civil. Sin embargo hay quien afirma que todavía en fechas próximas a la Candelaria, han visto deambular por las ruinas del viejo cortijo la figura serena, pero inclemente y vengativa de la Encantada de El Zorzo. 

Recopilado por Paco Carrión.


  

  
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MOROS Y CRISTIANOS EN PATERNA (Paco Carrión)

INICIO WEB ALMERÍA PATERNA DEL RÍO - INICIO FIESTAS DE MOROS Y CRISTIANOS - ÍNDICE
 
RELACIONES DE MOROS Y CRISTIANOS

PATERNA DEL RÍO - ALMERÍA

Comentarios y trascripción del texto:
 Milagros Soler


Seguramente el origen de las fiestas de moros y cristianos hay que buscarlo en la tradición popular de poner en escena al aire libre representaciones en las que se relataban y conmemoraban hazañas de héroes y dioses. Aunque existen datos que nos informan de que estas manifestaciones culturales colectivas se remontan  a la más ignota antigüedad, en el caso que nos ocupa podrían haber tomado, como referencia y modelo, los auto sacramentales celebrados durante la Edad Media.

Según nos informa Francisco Checa, en la Crónica del Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo se menciona la celebración de unos juegos de cañas  (1463) en las que se festejaba la victoria de los cristianos sobre sus enemigos sarracenos. El mal (Lucifer) estaba encarnado asociado a los infieles sarracenos; el bien ( Dios, Cristo y sobre todo la Virgen María) era atributo que se le asignaba a la religión católica.

Los participantes en estos actos iban caracterizados con trajes que permitían a los espectadores diferenciar entre los bandos moro y cristiano. Enríquez de Jorquera señala que en Granada  (1634) se conmemoraba el día de la toma de la ciudad en honor a los Reyes Católicos con juegos de este tipo (Anales de Granada, Tomo II).

Las fiestas de moros y cristianos que tienen lugar en Paterna del Río siguen las mismas pautas, en atuendos y contenido que podemos ver en toda la Alpujarra y en muchos pueblos de las sierras almerienses. Seguramente por el carácter montañoso y aislado de su geografía, han mantenido formas que ya han desaparecido en otros lugares. A diferencia de lo que sucede en el Levante español, aún  es frecuente ver a los actores usando sus trajes de soldados obtenidos durante el periodo de milicias, como era costumbre en el  siglo XVIII y XIX.  En el caso de los guerreros árabes, el turbante y la capa los distingue claramente de sus adversarios.

En Paterna del Río, las fiestas de moros y cristianos (conocidas con el nombre de Relaciones), tienen lugar el segundo domingo del mes de mayo en honor a su patrona, la Virgen de los Remedios. Para la realización de la fiesta, en la parte alta de la Plaza Mayor del pueblo se levanta un castillo árabe, a cuyos pies se construye un altar. En él se colocará la Virgen o el Santo Cristo para presidir los actos. 


Las Relaciones comienzan después de la misa, cuando la procesión llega a la Plaza Mayor. Los soldados moros rodean las calles adyacentes, viendo como se acerca la imagen portada por soldados cristianos. Al llegar, los moros salen disparando a discreción y apoderándose de ella, la colocan en el altar.




Los soldados cristianos están situados en la parte baja de la Plaza, sin guardar formación, desolados por haber perdido la imagen de la Virgen de los Remedios. El General Cristiano, poniéndose frente a sus tropas, les dirige varias arengas, que se inician con las siguientes palabras:



PRIMERA PARTE DE LAS RELACIONES


GENERAL CRISTIANO

¿Como mis bravos soldado
os miro con desaliento
sin vergüenza de que el mundo
se asombre de vuestro miedo?

¿No veis flotar la bandera
del alevoso aganero
sobre ese hermoso castillo
que hace poco era nuestro?

¿Dejaremos en sus manos
ese grandioso trofeo
que nos daba la esperanza
de poseer este pueblo?

Pensad que aquí nos mandó
el alto y pesado cetro
de Isabel y de Fernando
con el nombre de guerreros

Confió en nuestra bravura
y en la fe de caballeros
que jurasteis en Granada
delante del mundo entero.

No desmentidlo, soldados,
que el que falta al juramento
ni promete con valor
ni puede llamarse bueno.

La sangre no vale nada
delante de los cristianos
que merece el que abandona
santas empresas del cielo.

Santa es las nuestra, soldados
porque este hermoso terreno
es una parte de España
es la integridad del Reino.

Paterna será la patria
de vuestros hijos y nietos
y la patria tiene un grito
que siempre debe ser fiero.

Alzad la frente, soldados.
Mirad el hermoso suelo
que nos quiere arrebatar
el indolente aganero.

En la invencible Alpujarra
la tierra de los guerreros
de las altivas montañas
y de los valles amenos.

Es Paterna, cuya frente
ciñen las nubes del cielo
y mojan sus verdes faldas
e infinitos arroyuelos.

Aquí vive la salud
en esos claros veneros
que hace más rica la sangre
con su esencia de hierro.

Aquí arrullan las palomas
y cuando emprende su vuelo
dejan mecerse las flores
entre los brazos del viento.

Las rocas y los peñascos
con sus vaporosos ecos
dan el grito del torrente
que se despeña a lo lejos.

Todo es grande como Dios
que en un momento supremo
hizo esta bella Alpujarra
con tan esmerado empeño
que del anillo del mundo
son la llama de estos pueblos.

Ya veis si en santa la causa
que a vuestra fe recomiendo
pero es más grande, más santa
la causa de estos momentos.

Esos hijos de Mahoma
que a nada tienen respeto
nos han robado también
la Virgen de los Remedios.

Nuestro amparo, nuestra dicha,
nuestro más dulce consuelo,
el cariño de nuestros hijos,
la fe de nuestros abuelos.

La que tiene por corona
las estrellas de los cielos
y está vestida de Sol
con la luna por asiento.

La Predilecta del Padre
del Santo Espíritu eterno
la Solicitada Esposa,
la Madre Pura del Verbo.

La profanarán por fin, cristianos.
Se reirán  los sarracenos
de su virginal pureza

SOLDADOS CRISTIANOS
  
 Eso no. Vamos a ellos.

Del grupo de soldados sarracenos uno de ellos  (Emisario moro) se desplaza a la parte baja de la Plaza hasta encontrarse con el General Cristiano. Una vez frente a él, le dice:

EMBAJADOR MORO
No merecéis mi saludo
que los torpes y cobardes
abandonasteis el castillo
sin una gota de sangre.

GENERAL CRISTIANO

Moro, si de paz la enseña
de tu campamento traes
no te permito más tiempo
ese grosero lenguaje.

Si es embajada, te escucho.
Pero si de vencedor alarde
quieres hacer con insultos,
también sabré castigarte.

EMBAJADOR MORO
De embajada de paz vengo.
Templa, cristiano, el coraje
que lo que vengo a decir
os puede ser agradable.

GENERAL CRISTIANO

Habla cuanto quieras, moro.

EMBAJADOR MORO
Quizás te pese que hable.

GENERAL CRISTIANO

Quizás te irás pesaroso
de tu orgulloso mensaje.

EMBAJADOR MORO
Cristiano, jamás en paz
tu  linaje y mi linaje
se encontraron siete siglos.
Una reyerta salvaje
os habrá hecho comprender
de lo que somos capaces.

Desde el pobre Guadalete
hasta el mismo Roncesvalles
palmo a palmo lo ganamos
con ríos de vuestra sangre.

Se vendieron vuestros condes
como espías miserables
y se huyeron vuestros reyes
del fragor de los combates.

Y vuestras bellas mujeres
las vimos abandonarse
a los amores ardientes
del feroz abencerraje.

GENERAL CRISTIANO

Moro, por Dios, no prosigas
diciendo más disparates
o acaba pronto que ya tengo
sed de replicarte.

EMBAJADOR MORO
Pues deja un poco, cristiano
que aún no he dicho mi mensaje.

Aben-Abóo, nuestro rey,
el muy soberbio, el muy grande,
con sus valientes monfíes
vence ya por todas partes.

Si no os socorre Granada,
en los espesos breñales
de la gigante Alpujarra
moriréis a nuestros alfanjes.

Cadiar y Valor son nuestros.
Laroles, al baluarte
de esta parte de la Sierra
se ha rendido por el hambre.

De Paterna en el castillo
azota orgulloso el aíre
la brillante Media Luna
y los vistosos turbantes.

¿Qué os queda, por fin, cristiano?
Hasta vuestra Dulce Madre
la Virgen de los Remedios
es trofeo miserable.

Por eso vengo a vosotros
a proponeros galante
una rendición honrosa
que os evitará más sangre.

GENERAL CRISTIANO

¿Nosotros rendirnos, moro?
¿Desmentir tantos afanes
y tantas pruebas de valor
como dieron nuestros padres?

Covadonga se hundiría
en escombros miserables
y gritarían deshonor
las olas de nuestros mares.

Solamente la traición
os introdujo, cobardes,
en la España de Sagunto
y debes avergonzarte.

Después recuerda Lepanto,
donde vino a sepultarse
toda vuestra falsa gloria
para jamás levantarse.

Innumerables victorias,
hechos de armas inmortales
te deben acreditar
que no tememos a nadie.

Todos aquí nos creemos,
como otros tantos pulgares,
capaces de abordar solos
empresas que ni soñáis.

Las crestas de estas montañas
y las flores de estos valles
nunca la planta enemiga
las ha pisado de balde.

Esa bandera que azota
y tremola de miedo al aire
no es la enseña del valor,
es una traición cobarde.

Nosotros rendimos
a la Reina de los Ángeles
el culto que le debemos
ese castillo asaltáis.

Son esas vuestras hazañas
con tan débiles señales
de fuerza y de valor
la rendición provocáis.

Risa me da del orgullo
con que esa bandera traes.
No te tremoles, por Dios
que la vergüenza la abate

Vuélvete, moro, al castillo,
que en verdadero combate
sobra valor a estos bravos
para volver a tomarlo.

Dirigiéndose a sus tropas:

¿No es esto verdad, cristianos?
¡Que responda vuestra sangre!

SOLDADOS CRISTIANOS
  
 ¡Guerra!¡Guerra al enemigo!

GENERAL CRISTIANO

Dirigiéndose al emisario moro:

¡Guerra sin tregua! Ya sabes.

EMBAJADOR MORO
En el campo nos veremos.

GENERAL CRISTIANO

Yo me encargo de buscarte.

EMBAJADOR MORO
Alá te guarde cristiano.

GENERAL CRISTIANO

Dios te defienda y te guarde.

El Embajador Moro, subiendo a lo alto de la Plaza se dirige al General Moro diciendo:

EMBAJADOR MORO
Es altivo el español
y de furias exasperadas
dice que por la traición
nuestras armas han triunfado.

Guerra quiere a todo trance.
Nuestro exterminio ha jurado
con que aprestar nuestras fuerzas
y no rendirles el campo.

Que los hijos de Mahoma
en los desiertos criados
hagan patente a Paterna
su terrible desengaño
de recobrar el castillo
y su Virgen muy amada.






SEGUNDA PARTE DE LAS RELACIONES

Estando los moros en posesión del castillo, el General Cristiano manda allí a su Embajador con el siguiente mensaje:

GENERAL CRISTIANO

Ve al castillo, embajador
su rendición a intimidar
No tienes que desplegar
ni un alarde de valor.

Di a ese Muza que es valiente
su irremediable abandono.
Que se rinda y le perdono
la vida y la de su gente.

No le insultes, aunque en vano
se ría de tu presencia.
Hay una gran diferencia
entre un moro y un cristiano.

La Virgen guíe tu valor
e ilustre tu pensamiento.
No vuelvas al campamento
sin nobleza y sin honor.

Parte el Embajador Cristiano hacia el castillo de los moros y al llegar, dirigiéndose al General Moro, dice:

EMBAJADOR CRISTIANO

Dios te guarde, noble moro.
En este castillo en vano
guardáis el mejor tesoro
que adora el pueblo cristiano.

Inútiles serán los medios
que en su defensa presento.
Piden de aquel campamento
la Virgen de los Remedios.


GENERAL MORO

No creas, cristiano, en sueños.
De esa fortaleza armada
somos nosotros los dueños
y la tenemos cerrada.

Cerrada por mil valientes
que la sabrán defender.
Antes la verán arder
que en poder de vuestra gente.

EMBAJADOR CRISTIANO

Siento moro que tan dura
recibas esta embajada.
Si quieres la mano armada,
la tendrás. Yo te lo juro.

Pero cumplo mi deber
de revelarte primero
lo que tú debes saber.

Granada, la ciudad bella
por quien Boabdil suspira,
hasta con desprecio mira
al traidor Abén Humeya.

Sangre real por su corazón circula
y de ella blasona
pero busca una corona
en la negra rebelión.

Y en desesperada liza
elige la altiva Sierra
para provocar las guerras
con la gente advenediza.

Su plan infame vacila
y cuando este grito lanzo
coronan a Aben Abóo
en las vegas de Narila.

Así sus locos afanes
tuvieran por resultado
morir de un pino colgado
por sus mismos capitanes.

Y Abén Abóo, la esperanza
que vuestro valor abona,
has perdido la corona
sin realizar su venganza

GENERAL MORO

Cristiano ¿Será verdad
la muerte de Abén Humeya?

EMBAJADOR CRISTIANO

Oye lo que dicen de ella.
Oye por curiosidad.

Existe una cueva impura
donde dicen los pastores
que sus súbditos traidores
le dieron la sepultura.

Y se les eriza el bello
cuando el rayo de la luna
sobre su sombra importuna,
con el vil dogal al cuello.

Todo el que lo ve se aterra
porque su sombra es tan leve
que sin desflorar la nieve
cruza el alto de la Sierra.

Allí sus huestes escasas,
perdido todo el valor,
han ido a esconder su horror
bajo el techo de sus casas.

Esta es la verdad eterna
que te relato sin saña.
Piensa que, de toda España,
sólo te queda Paterna.

No esgrimas, moro atrevido,
tu sangrienta cimitarra,
ni temas que la Alpujarra
sirva a los moros de nido.

Vuelve al África ardiente
sin mengua de tu alma entera.
No faltará una palmera
que brinde sombra a tu frente.

Allí templarás tus penas
del desierto en sus ardores.
No pueden gustar las flores
al hijo de las arenas.

Y si tu pecho desgarra
tenaz y agudo el tormento,
vente a respirar el viento
de la risueña Alpujarra.




GENERAL MORO

¡Por Alá calla, insensato!
No aceleres mi agonía
que es chica mi fantasía
para abarcar tu relato.

No te perdono la calma
ni la manera fatal
con que has clavado el puñal
en el fondo de mi alma.

Mis reyes y mis amores,
mis sueños y mi alegría
se han marchitado en un día
para brotar mis dolores.

Siente mi alma un desmayo
que no puedes calcular.
Hasta me atreví a soñar
ser un segundo Pelayo

Desde Asturias a Granada
lanzó del valor la furia.
Yo conquistaría Asturias
desde mi Sierra Nevada.

Y en Granada la gentil
buscaba un florido espacio
para un soberbio palacio
entre el Darro y el Genil.

Y como absoluta dueña
de tanta bella ilusión
tenía en mi corazón
una linda alpujarreña.

Sueños de gloria, volad
de mi acalorada frente.
Corazón, lucha valiente
contra la fatalidad.

EMBAJADOR CRISTIANO

¿Qué prefieres, imprudente?
Cuando aviva la razón,
sólo la resignación
señala al hombre valiente.

Y según yo te contemplo,
si entregas la fortaleza
más que parecer bajeza,
fuera de valor ejemplo.

Paterna te debería
la sangre de sus hermanos.

GENERAL MORO

Tus empeños serán vanos.
Contra la decisión mía
quizás la batalla pierdas
y las circunstancias en la lucha.

Pero ten calma y escucha
de mi país un recuerdo.

En el África encendida
cuando al león acorralan,
ruge y lucha hasta que exhala
el aliento de la vida.

Yo soy africano,
hijo del ancho desierto
y prefiero quedar muerto
a rendirme a ti, cristiano.

En mi corazón de moro
siento que si me entregara
como vil me despreciara
la alpujarreña que adoro.

Que las altivas mujeres
antes de sentir amor
calculan por el valor
la extensión de sus placeres.

Alá que este trance quiso
desde la misma creación
ante mi vil redención
me cerraría el Paraíso.

No, cristiano. Que la llama
del valor que arde en mi pecho
tenga al menos el derecho
de un recuerdo de la fama.

¿Qué es una vida sin gloria
para un caudillo de honor,
ni qué pruebas de valor
cuando es fácil la victoria?

Anda al campamento tuyo
y prueba que eres valiente.
Quizás puedas con mi gente
domar tu feroz orgullo.


EMBAJADOR CRISTIANO

No es orgullo lo que el pecho
de un cristino ha de sentir
sangre aún, que tenga derecho

Que la caridad cristiana
de la religión señora,
dice que aún siendo la sangre mora
la tratemos como hermana.

Manda perdonar la ofensa,
pero al injusto agresor
quiere proponerle el valor
que da la propia defensa.

¿Y qué será más injusta
que tener la Virgen Pura
donde no estará segura
de la agarena malicia.

Juzgad que este pensamiento
que torturáis inhumanos
no enardece a los cristianos
del lejano campamento.

Los verás venir, terribles
alentando en esa idea.
Seguro que en la pelea
eso los hará invencibles.

Y si no hubiera una valla
de error en tu fantasía
verás venir a María
dirigiendo la batalla.

Ríndete, moro, esta tarde

GENERAL MORO
Es imposible a los dos.


EMBAJADOR CRISTIANO

Pues queda moro con Dios.

GENERAL MORO
Cristiano, que Alá te guarde.


Se marcha el Embajador Cristiano a la parte baja de la plaza, y le dicen al General Cristiano:

EMBAJADOR CRISTIANO

Inútil fue mi embajada
y al volver al campamento
me acompaña el sentimiento
de no haber servido de nada.

Ni la caridad ni el ruego,
ni la justicia ofendida,
ni el aprecio de la vida,
ni los horrores del fuego.

Su altiva cerviz no doma
ni el grito de la conciencia
de los hijos de Mahoma.

GENERAL CRISTIANO

Fatales y carniceras gentes
que a nada se abaten
y al provocar el combate
muestran instintos de fieras.

Y ¡Vive Dios! que se nota
en esa altivez violenta
algo de injuria y de afrenta
por las pasadas derrotas.

Soldados, sólo desprecio
merece un guerrero alarde
que si no llamo cobarde,
lo califico de necio.

Sin embargo, en mi sentir,
antes de jugarse la vida
debe mi voz conmovida
enseñaros a morir.

Debo aún, sin ser fecundo,
enriqueceros la memoria
con tantos días de gloria
como habéis prestado al mundo.

A esta orbe, que anchurosa
su haz no abarcaba tanto
como exigía un Lepanto
y las Navas de Tolosa.

Y al ver estrecho el recinto
de la altiva España
han ido a buscar hazaña
a otros mundos distintos.

Y mientras sienten las de aquel
mar el santo orgullo
de saludar con su arrullo
las banderas españolas.

No oscurece tanto el brillo,
ni mengua tanta fortuna
que aún flote la media luna
sobre ese debí castillo.

Ni a la Virgen grato le es
ni se aviene a su grandeza
de tener sobre su cabeza
lo que Dios puso a sus pies.

Brilló para España un día
en que purgar dio probada
su fe, llevando a Granada
en triunfo el Ave María.

Fue un arranque temerario
jurar solo a un pueblo infiel
que clavaría el cartel
en la puerta del Sagrario.

Y esa misma Virgen presa
y robada a nuestro culto
no es el más grosero insulto
a nuestra fe y entereza.

Vamos por ella, que el templo
su imagen santa reclama.
Si os falta del valor la llama,
tomad de mi amor ejemplo.


Comienza la batalla entre moros y cristianos. Finalmente aparece el General Moro con bandera de parlamento y dice:

GENERAL MORO
Cesar las escenas crueles
y escuchad, bravos cristianos
como se abren los arcanos
aún a las almas infieles.

No se rinde a nuestros bríos
ni siente al luchar desmayo
el que ha cruzado a caballo
tintos de sangre los ríos.

Es la fuerza encantadora
de cierta visión divina
la que seduce y fascina
mi mente batalladora.

He visto, lleno de anhelo,
entre la sangre y el humo,
una mujer que presumo
haber bajado del cielo.

La he visto pura y graciosa
en el pecho del cristiano
dejar, con su propia mano,
invisible alguna cosa.

Entonces era invencible
al que su diestra tocaba
y la alta visión volaba
a una región invisible.

Pedida a mi amor reacio
entre un millón de querubes
hubiera roto las nubes
que achicaban el espacio.

Más del insultado brillo
un ángel lleno de unción
dijo: La hermosa visión
la tenéis en el castillo.

Miré tantas maravillas
Torna mi alma cristiana
y aclamo por Soberana
a esta Virgen de rodillas.

Bendito sean los medios
que nos fueron ofrecidos.
Protege a tus convertidos
Virgen de los Remedios.

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